A propósito de las malas prácticas en comunicación corporativa

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Hace unos días tuve la oportunidad de ver una interesante reflexión de Juan Merodio: Malas prácticas en relaciones públicas y comunicación corporativa. En este post muestra algunas de las muchas notas de prensa que recibe a diario, sobre empresas y temáticas que nada tienen que ver con sus intereses y actividad; notas que son enviadas a su mail personal, como si de un medio de comunicación se tratase. En este post Juan Merodio hace un llamamiento a las compañías, para que no permitan estas malas prácticas y exijan a sus agencias una actitud profesional.

Tras analizar con atención sus comentarios, debo decir que estoy totalmente de acuerdo con sus planteamientos; es cierto que existe una saturación de notas de prensa inútiles; bien porque no son enviadas a los destinatarios apropiados, porque su contenido carece de todo interés o porque se intenta “colar” publicidad como si fuese información.

Sin embargo, estas malas prácticas no siempre son culpa de las agencias y, con esto, no pretendo hacer una defensa simple y corporativista de nuestra actividad. Como en todos los sectores, existen buenos y malos profesionales, pero hay cuestiones que merecen ser matizadas.

A lo largo de mi trayectoria de casi 20 años en la comunicación corporativa, he vivido una profunda evolución y transformación del sector. Internet y todas sus herramientas se han convertido en un soporte imprescindible, accesible, democrático y, al mismo tiempo, en un “arma de destrucción masiva” para la información de calidad. Esto no sólo afecta a la comunicación corporativa, si no a la propia esencia de los medios de comunicación y del periodismo, como ya es conocido.

Aún recuerdo cuando las notas de prensa se enviaban por fax o incluso se entregaban en persona. Es cierto que los medios de comunicación eran menos, sin la presencia de los digitales, pero no cabe duda:  todo era más complicado, más caro y mucho menos accesible.

Internet nos ha acostumbrado a la inmediatez y esa inmediatez es, en muchas ocasiones, el gran enemigo de la calidad: algunas empresas exigen resultados rápidos y voluminosos. Esta especie de “caos”, en el que la línea entre lo promocional y lo informativo es a veces muy difusa y en el que destaca la cantidad sobre la calidad, es el caldo de cultivo ideal para las malas prácticas. Sin embargo, esas malas prácticas, en ocasiones, vienen provocadas por un tipo de empresa que, a pesar de recibir un buen asesoramiento por parte de buenos profesionales, exige el envío de todo tipo de “informaciones” carentes de valor y exige su publicación por parte de ciertos medios o incluso, influencers, que nada tienen que ver con los medios…

En el día a día de esa lucha, a veces se produce una triste cadena: la empresa exige, la agencia intenta asesorar (pero no es escuchada) y, al fin y al cabo, debe aconsejar, pero no entrar en confrontación con su cliente, por lo que a veces lleva a cabo prácticas en las que no cree y con las que no está de acuerdo y que, además, no llevan a ninguna parte (debemos aclarar que a nosotros no nos pasa porque tenemos unos clientes maravillosos, pero tenemos algunas experiencias en el pasado).

Insisto, no se trata de defender lo indefendible; por supuesto hay buenos y malos profesionales, pero la reflexión debe realizarse por parte de todos los actores que intervienen en esta actividad. No olvidemos que la comunicación tiene varios componentes básicos: emisor, receptor, mensaje y canal, además de ruido….mucho ruido….

Noelia Perlacia

Directora de Comunicación Corporativa y Organización de Eventos

Avance Comunicación

 


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